Una ópera cómica, que en términos de teatro podría encuadrarse en una comedia pastoril, rústica. Así define a "L'elisir d'amore" el regisseurJorge De Lassaletta cuando habló con LA GACETA durante el ensayo del lunes.
En un escenario semivacío asoman algunas estructuras de lo que se convertirá -seguramente- en un pastoral, y unos objetos comienzan a poblar un corral. Son títeres incorporados a la puesta que se estrenará mañana a las 21 en el Teatro San Martín, y en la que participan 150 artistas. "Los puse porque dan un toque visual; para ampliar las atracciones", comenta el regisseur.
La obra de Gaetano Donizetti tuvo su debut en Milán en 1832. La acción se desarrolla en una aldea en la que Nemorino, un joven melancólico e ingenuo, está enamorado de Adina. Ella sólo le transmite indiferencia, excitando los celos del chico. Desesperado, Nemorino compra el misterioso elixir que vende el doctor Dulcamara, un charlatán embaucador que le asegura que tiene que despertar una pasión incontenible en la chica. Pero lo que le da es vino de Burdeos. Este hecho irrita todavía más a Adina, que por despecho anuncia su casamiento inminente con Belcore, un sargento que ha llegado al barrio con su regimiento. Pero el elixir dará resultado cuando el pobre joven recibe una sorpresiva herencia y de repente se transforma en el gran partido de la aldea. La historia, como no podía ser de otra manera, tendrá final feliz.
Presentada en dos actos, De Lassaletta reflexiona que la ópera, en su esencia, tiende a aglutinar a mucha gente y a emocionarla, porque los personajes y situaciones se identifican popularmente. "Me alejo de cualquier tiranía y pretendo motivar a los artistas que todos tienen adentro", señala al referirse a su trabajo. ¿Qué es una ópera? "Un drama musical: es una estructura musical que está hecho con dramaturgia, en la que los cantantes son personajes agrandados", afirma.
Para la puesta de "L'elisir d'amore" se conformaron dos elencos; cada uno tendrá a su cargo tres presentaciones.
El rol de Adina, campesina rica y caprichosa, estará a cargo de las cantantes Valeria Albarracín y Myriam Molina; Nemorino, campesino simple enamorado de Adina, será interpretado por Daniel Arrieta y Alejandro Alonso; el rol del doctor Dulcamara, médico embaucador, lo harán Marcelo Oppedisano y Alfredo Tiseira; el sargento Belcore será interpretado por Matías Safarsi y Víctor Gutiérrez; y Giannetta -amiga de Adina- estará a cargo de Marta Romero y Cynthia del Carril. Jeff Manookian estará a cargo de la batuta, Ricardo Sbrocco al frente del Coro Estable y Patricia Sabbag de la coreografía. Los aspectos visuales fueron creados por el escenógrafo Elio Ceballos Paz y la iluminación está a cargo de Oli Alonso.
En la noche del lunes se coordinan los esfuerzos, las entradas; primero, hay que bajar la voz para que los músicos afinen sus instrumentos, y luego, desde la fosa, la obertura cobra toda su fuerza hasta que el telón se abre y los cantantes interpretan las piezas de la ópera. La potente voz de Myriam Molina sobresale sobre cualquier otro registro, así como la del tenor Alejandro Alonso.
De Lassaletta corre nervioso de un lado a otro: desde el centro de la platea al palco del primer piso; luego se introduce en el escenario y da instrucciones a los grupos de cantantes ubicados en cada lado del espacio. Hasta unos minutos antes, el ballet se había estado entrenando en el foyer del coliseo. Anoche fue el tiempo del ensayo general, con vestuario, y de probar además el subtitulado en la pantalla; tiempo de ajustar los detalles, que no son pocos cuando intervienen casi todos los elencos estables de la provincia.
En un escenario semivacío asoman algunas estructuras de lo que se convertirá -seguramente- en un pastoral, y unos objetos comienzan a poblar un corral. Son títeres incorporados a la puesta que se estrenará mañana a las 21 en el Teatro San Martín, y en la que participan 150 artistas. "Los puse porque dan un toque visual; para ampliar las atracciones", comenta el regisseur.
La obra de Gaetano Donizetti tuvo su debut en Milán en 1832. La acción se desarrolla en una aldea en la que Nemorino, un joven melancólico e ingenuo, está enamorado de Adina. Ella sólo le transmite indiferencia, excitando los celos del chico. Desesperado, Nemorino compra el misterioso elixir que vende el doctor Dulcamara, un charlatán embaucador que le asegura que tiene que despertar una pasión incontenible en la chica. Pero lo que le da es vino de Burdeos. Este hecho irrita todavía más a Adina, que por despecho anuncia su casamiento inminente con Belcore, un sargento que ha llegado al barrio con su regimiento. Pero el elixir dará resultado cuando el pobre joven recibe una sorpresiva herencia y de repente se transforma en el gran partido de la aldea. La historia, como no podía ser de otra manera, tendrá final feliz.
Presentada en dos actos, De Lassaletta reflexiona que la ópera, en su esencia, tiende a aglutinar a mucha gente y a emocionarla, porque los personajes y situaciones se identifican popularmente. "Me alejo de cualquier tiranía y pretendo motivar a los artistas que todos tienen adentro", señala al referirse a su trabajo. ¿Qué es una ópera? "Un drama musical: es una estructura musical que está hecho con dramaturgia, en la que los cantantes son personajes agrandados", afirma.
Para la puesta de "L'elisir d'amore" se conformaron dos elencos; cada uno tendrá a su cargo tres presentaciones.
El rol de Adina, campesina rica y caprichosa, estará a cargo de las cantantes Valeria Albarracín y Myriam Molina; Nemorino, campesino simple enamorado de Adina, será interpretado por Daniel Arrieta y Alejandro Alonso; el rol del doctor Dulcamara, médico embaucador, lo harán Marcelo Oppedisano y Alfredo Tiseira; el sargento Belcore será interpretado por Matías Safarsi y Víctor Gutiérrez; y Giannetta -amiga de Adina- estará a cargo de Marta Romero y Cynthia del Carril. Jeff Manookian estará a cargo de la batuta, Ricardo Sbrocco al frente del Coro Estable y Patricia Sabbag de la coreografía. Los aspectos visuales fueron creados por el escenógrafo Elio Ceballos Paz y la iluminación está a cargo de Oli Alonso.
En la noche del lunes se coordinan los esfuerzos, las entradas; primero, hay que bajar la voz para que los músicos afinen sus instrumentos, y luego, desde la fosa, la obertura cobra toda su fuerza hasta que el telón se abre y los cantantes interpretan las piezas de la ópera. La potente voz de Myriam Molina sobresale sobre cualquier otro registro, así como la del tenor Alejandro Alonso.
De Lassaletta corre nervioso de un lado a otro: desde el centro de la platea al palco del primer piso; luego se introduce en el escenario y da instrucciones a los grupos de cantantes ubicados en cada lado del espacio. Hasta unos minutos antes, el ballet se había estado entrenando en el foyer del coliseo. Anoche fue el tiempo del ensayo general, con vestuario, y de probar además el subtitulado en la pantalla; tiempo de ajustar los detalles, que no son pocos cuando intervienen casi todos los elencos estables de la provincia.